Un poco de por favor

Un poco de por favor no nos vendría mal en ningún caso. La buena educación es un bien escaso. Cada día más. O se tiene o no se tiene. Para mi la cuestión es que a todo el que sale de una universidad habiendo estudiado publicidad y relaciones públicas, debería exigírsele.

He estado en comidas con otros compañeros y con clientes y ha sido muy cortante ver a un compañero comportándose como un orangután, sentándose a la mesa antes que los clientes, sirviéndose vino sin atender antes a otros comensales, comiendo del plato de otro, fumando puros aunque eso moleste a alguien, etcétera. Sí, son ejemplos extremos, comer con la boca abierta o coger los cubiertos como quien coge una pala serían ejemplos mucho más comunes.

En las facultades donde se estudie relaciones públicas, a lo mejor podrían hacer un poco de hincapié en enseñar más protocolo. Bajo mi punto de vista, harían un poco más útil la carrera y serviría para algo más importante que aprender a preparar un dosier de prensa. Serviría para ir a cualquier sitio. La buena educación puede ser un arma muy poderosa.

A menudo, tengo la sensación de que en la agencia olvidamos que somos una empresa de servicios. Si ya en un kiosko nos gusta que nos traten bien, imaginaos en un sitio donde estás pagando un dineral. Cualquier licenciado en rr.pp. debería conocer perfectamente las normas básicas de educación.

En un creativo, si es realmente brillante, tiene pase: gente más atormentada, con permiso para ser raretes; pero en alguien de cuentas debería ser completamente indispensable.

No hace mucho, en un rodaje, la clienta no hablaba más que de la crisis, de lo mucho que está afectando, recortes de personal, desgracias y más desgracias. Al llegar a la mesa, miramos la carta. Tuve mucho cuidado en comer algo más barato o tan caro como lo que pidiese ella. Mi sorpresa fue ver cómo el otro compañero de la agencia pedía langosta. Langosta. Nada más y nada menos. El cliente, más en serio que en broma, le dijo: “¿Langosta? Hace años que no la pruebo”. Mi compañero, un creativo, no lo pilló y le respondió: “¿Ah, sí? Pues si yo la veo en la carta, la pido siempre.”

¡Olé mi niño! Éso sí son dos huevos. Claro, la anécdota pasó de ahí, porque el cliente se debió ir calentando y acabó por llamar al director general de la agencia para comentárselo. Luego hablaron con el copy y la bronca que le cayó fue de órdago. Tanto es así, que no volvió a ir a ningún lugar en el que hubiese un cliente.

Si quieres que un cliente te trate con respeto, trátale con respeto. La educación desarma a cualquiera. Si el cliente te respeta, confiará en ti. Ojo, esto no quiere decir hacer la pelota. Lo cortés no quita lo valiente. Lo que quiere decir es: más posibilidades de salirte con la tuya. Que al fin y al cabo, es la verdadera lucha diaria de un director creativo.

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