Orgullo barcelonés

Madre mía cómo ha pasado el tiempo. Esta semana se han cumplido 25 años de los juegos olímpicos. Puedo decir que siento orgullo. Por cómo fuero. Cómo los viví. Lo que supusieron. Pero también, de repente, me ha dado por pensar que hace 25 años yo no sabía que sería creativo publicitario de mayor. También me ha dado por pensar que hace 20 que me dedico a la publi, que empecé en el 97 y que es curioso lo que cambió mi vida en cinco años.

En sólo cinco años, en los que van del 92 al 97, cambié de novia, de colegio, escogí carrera y entré en el departamento de producción de Delvico Bates. Sólo estuve seis meses en producción, pasado ese tiempo ya pasé al departamento creativo.

De repente me doy cuenta también, ahora mientras escribo, que ya no existe Delvico. Ha desaparecido. Era un referente mundial y ya no existe. Qué viejo me hago… O mejor dicho, que tengo cuarenta tacos, qué viejo me siento…

25 años desde que aquél señor lanzase la flecha al pebetero del estadio Olímpico de Montjuïch. Yo tenía 16 años.

Debieron ser años muy importantes y  muy gloriosos. Se debió hacer muchísima pasta. Además, en aquellas ceremonias tan recordadas, en el cobi, en todo aquello, estuvieron implicados algunos de los mejores creadores que ha dado la historia reciente de este país.

Algunos ya no están.

No sé qué dirá la historia, pero yo siento que ser barcelonés desde entonces es ser otra cosa. Siento que aquella época en la que dejamos impresionados al mundo entero con nuestra forma de hacer, aún no ha terminado. Y que gracias a ella, seguimos de modo. Y somos una de las capitales del mundo. Quizá no en cuento a negocio. Quizá no en cuento a intercambio de divisas o de investigación científica o tecnológica; pero sí en cuanto a estar en un mapa en el que entonces no figurábamos. Barcelona no estaba. Y gracias a los juegos Olímpicos. A Cruyff. Al Barcelona de la Caballé y de Fredy Mercury. Al Cobi de Mariscal. A Pepo Sol. Al Delvico del 93 y al Casadevall Pedreño de aquellos años. Gracias al Tricicle, a Peret, a Los Manolos y un montón de gente que participó como voluntario de forma anónima Barcelona es poderosa y Barcelona tiene poder.

Y yo me siento viejo. Pero también muy orgulloso. Porque viví aquello. Y estoy seguro de que ese ambiente, el haber vivido todo aquello en primera línea, el haber entendido que toda aquella creatividad y toda aquella admiración que rodeó los Juegos Olímpicos de mi ciudad, de alguna manera me influyeron. De alguna manera influyeron positivamente en aquél niño de 16 años que estaba completamente perdido y no tenía ni idea de qué hacer con su vida.

He viajado mucho. He tenido la suerte de poder moverme tanto por ocio como por negocio por muchos países del mundo. Y siempre que he tenido que explicar que era de Barcelona, he podido decirlo con orgullo. Sabiendo que sólo mencionarla, ya le da a uno cierta ventaja, una serie de intangibles que de repente lo hacen, no sé…, más amable, acogedor, moderno, atrevido, creativo y un montón de cosas buenas que le debemos a los padres de la creatividad moderna.

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