Llevar el blog de un centro de yoga, shiatsu y terapias alternativas

Llevar el blog de un centro de yoga, shiatsu y terapias alternativas puede ser toda una aventura. Una de las cosas que descubre uno cuando deja la primera división y decide tomar la alternativa para montarse su propio chiringuito es que nunca volverá a tener un proceso como los que tenía. En las multinacionales, los procesos suelen ser draconianos, pero por lo menos están ordenados y no parecen un mercado persa.

Me contacta un día un centro de terapias alternativas porque les ha llegado mi nombre. Me dicen que tienen una web y que buscan a alguien que les ayude con el contenido y el posicionamiento.

Todo empezó muy bien. Si algo tiene de bueno un cliente pequeño es que puedes mimarlo y cuidarlo. Además, todo lo que aportas les es útil. Otra de las máximas que se suele cumplir es que muy rápidamente empiezan a verse los resultados. No fue el caso. Lo estábamos haciendo todo muy bien, pero por algún motivo las páginas no posicionaban en Google. No aparecíamos en búsquedas. Después de dos meses escribiendo cada día y trabajando tanto las palabras clave short como las long tail, aquello no marcaba.

Me puse en contacto con un buen amigo que dirige todo el departamento de Business Analytics de una importante multinacional de escucha en redes sociales para mirar las tripas del site y vimos que estaba muy mal hecho. No tenían absolutamente nada como tocaba. El código estaba parcheado y no se habían marcado los H1, h2, etc, no tenían códigos de analytics de ningún tipo, los nombre de las páginas estaban fatal… Un desastre.

A partir de aquí empieza la pesadilla. Una de aquellas pesadillas que vuelven y revuelven. La gran duda es si hice lo que debía o no. Después de pensarlo mucho, aún no he llegado a una conclusión clara. Creo que acerté en cosas y que fallé en otras.

Creo que acerté avisándoles y explicándoles que la web (y el blog, claro) era un desastre. Les enseñé cómo debía ser y cómo la tenían y lo entendieron. Aquí entró una especie de guerra absurda entre su proveedor y yo donde ellos me echaban la culpa a mi de que la web no posicionase. Como tenía yo razón, se cargaron a la empresa que le había diseñado la página y el blog. Necesitaban otro proveedor. Aquí la cagué. Les recomendé a un amigo que se prestó a hacerla. Tiene una empresa en la que hacen un montón de webs. Como yo se lo pedí, se ajustó al presupuesto que tenían en el centro de terapias alternativas.

Lo que pasó, también es humano. Como no era el trabajo más lucrativo que tenían sobre la mesa, tardaron demasiado en rehacer la página. Además, como el cliente no era profesional, pedía cambios constantemente. Cambios de esos que parecen una tontería, pero que en realidad representan un montón de horas de trabajo.

Habían pasado ya seis meses desde que cogimos la cuenta. Desde que empezábamos a escribir. Y aún no estaba hecho el site. Y como no estaba hecho, no se apuntaban alumnos a las clases. Y como no se apuntaban alumnos, no tenían ingresos. Y como no tenían ingresos, no pudieron pagarnos. Y como no podían pagarnos, perdimos la cuenta y al amigo que hacía webs del cabreo que pillé con él.

Una pena.

Me reconforta saber que ahora que ya han lanzado el site nuevo posicionan. Me reconforta saber que el trabajo que hicimos de manera muy profesional y totalmente a medida todos los que estuvimos implicados, sigue funcionando. Lo que me atormenta es que tengo la convicción de que si no les hubiese dicho nada de que la web estaba fatal; de que podían hacerla con un proveedor que yo conocía y que yo podía pedirle que ajustase el precio; hubiésemos acabado exactamente en el mismo sitio.

Tomé el camino correcto y llegué al mismo lugar que hubiese llegado si hubiese tirado por el camino incorrecto.

A veces, la toma de decisiones profesionales, ser director creativo, entre otras muchas cosas, tiene estas paradojas.

 

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