Historias de un freelance

—Hola, ¿es usted Fulanito de Tal?
—Sí, yo mismo.
—Le llamaba porque estamos buscando un freelance.
—Perfecto, pues aquí estamos
Jajajajjaa (ríen)
—Mira, somos una empresa distribuidora de cosmética y llevamos en exclusiva la marca X para distribuirla por España.
—Ya.
—No es una marca muy conocida porque es el primer año que está en el país, pero en Estados Unidos la conoce mucha gente.
—Estupendo.
—Hemos estado trabajando con un traductor, pero no estamos satisfechos con el resultado. Por eso le llamamos.
—¿Por qué con un traductor?
—Ah, perdona, que no te lo he explicado. Nos envían de Estados Unidos los titulares y los traducimos para España.
—Claro, ya veo.
—¿Dominas el inglés?
—Claro, ningún problema.
—Perfecto. ¿Y me podrías mandar un presupuesto?
—Sí, claro, pero antes necesitaría saber de cuánto trabajo hablamos.
—Ay, sí, perdón.
—Son 32 titulares, 8 packs y 6 folletos.
—¿Y cuánto tiempo tendría para hacer el trabajo?
—Los necesitaríamos dentro de tres semanas. ¿Te interesa? ¿Cómo lo ves?
—Bien, lo veo bien, podría tenerlos incluso un poco antes.
—¡Qué bien! Pues si te parece, nos mandas un presupuesto para que lo valide mi jefe y empezamos.
—Perfecto. Te paso mi mail, mándame el tuyo y te envío presu esta misma tarde.
—¡Gracias!
—No, a ti.

Esa misma tarde, preparo la factura y decido cobrar 1800 euros por el trabajo. Una factura que incluye el IVA y el detalle de las horas dedicadas al proyecto.

Mail: Hola, he recibido la factura y nos parece demasiado alta.

Respuesta por mail: Bueno, pues hagámoslo al revés, decidme qué presupuesto tenéis y me adapto.

Respuesta: El traductor con el que trabajábamos nos cobraba 40 euros por una frase y 150 euros por las dos hojas que te pasé.

Aún sigo pensando cómo responder a un mail así y de esto hace ya dos meses.

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