El pequeño saltamontes creativo

Un pequeño saltamontes es un creativo que empieza. Necesita aprender de un buen maestro, tener ganas de saltar un montón de mierda y humildad casi budista para encajarlo todo.

Cuando era muy pequeño había una serie que se llamaba Kung-Fu. Salía David Carradine, que como tenía los ojos achinados, pues daba el pego. Le presento un cásting así a un cliente mío… Bueno, la verdad es que a mi me daba igual que diese el pego o no, recuerdo que lo veía y me aburría como una marsopa, no conecté nunca. Lo que debí ver una reposición, porque la primera temporada es del 72 y a España llegaría mucho más tarde, como todo.

A parte de la gloriosa muerte de David Carradine, me he acordado de él varias veces a lo largo de mi carrera publicitaria. La primera pieza de mi book cuando salí de la facultad, era un titular malísimo que decía: Pequeño saltamontes busca maestro. Estaba en la primera página de mi book, y muchos sonreían al leerlo en las entrevistas.

Todo el mundo tiene muertos en el armario, sobre todo Carradine ;)

Siempre me ha parecido que el día a día en una agencia para un creativo es como hacer Kung-Fu. Estás todo el día dándote tortas y aprendes mucho de la gente que te rodea, aunque no te das cuenta, entra como por ósmosis, por repetición, como las katas y las posiciones de cualquier arte marcial. Cada maestro te enseña algo y resulta que, mirado con distancia, los maestros son muy importantes; y de qué maestros aprendieron tus maestros, también.

Un pequeño saltamontes con futuro, necesita un buen maestro.

Hay que estar dispuesto a aprender. Y eso es muy difícil. Porque le jode al ego y a veces uno se olvida de ser humilde. Un departamento creativo suele ser un gallinero lleno de gallos, pero si puedes fijarte en lo bueno de la gente que te rodea y que seguro tiene algún talento, aunque sea para la maldad, siempre te llevarás algo. Aunque el briefing que tengas entre manos sea una kk.

Un pequeño saltamontes con futuro, va superando etapas.

Uno va superando cinturones. Primero cuela un titular, luego una cuña, luego va a una sono o a un rodaje, un día le dejan ir a una reunión interna importante, luego a una con cliente, un día gana un premio, después intenta ganar más premios, lo consigue, demuestra también que sabe lidiar con marrones, viaja a Sanse, luego a Cannes, lleva alguna producción importante, gana algún new business, luego le promocionan, le hacen director creativo, etc…

Un pequeño saltamontes con futuro, llega un momento en el que deja de ser pequeño y se convierte en un maestro saltamontes.

En realidad, uno puede no acabar nunca de ir sumando experiencias, pero sí que es verdad, que llegada una madurez profesional determinada, lo que te diferencia de cualquier compañero con tu mismo perfil, es el color del cinturón. Las katas que conoces, el número de armas que manejas, los maestros que has tenido, la «escuela» a la que pertenecen y las competiciones que has vivido.

Si llevas poco en publicidad o lo suficiente como para estar a tiempo de ser un poco más egoísta, si puedes, se más ambicioso. Rodéate de gente de la que puedas aprender. Si no puedes ir donde estén esas personas, tendrás que hacer un esfuerzo mucho más grande porque tendrás que aprender por pasiva, fijándote en lo malo y aprendiendo que lo bueno es lo contrario.

He tenido más malos jefes que buenos. En este gremio abunda la mediocridad y lo peor de todo es que suele llegar muy lejos. De hecho, aprovecho desde aquí para hacer llegar todo mi agradecimiento y todo mi desprecio a los jefes déspotas, engreídos, abusones, acomplejados y mediocres que he tenido. Hacen que intentar ser mejor persona valga la pena.

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