Aprender bien, mal o regular

Aprender bien, mal o regular, sólo depende de ti. Sí, ya sé, puede sonar mezquino echarle toda la culpa al que no sabe de cómo está aprendiendo. Puede parecer injusto que a alguien que no tiene ni puta idea de qué va un oficio, se le culpe de no estar aprendiéndolo bien. Pero es así. Lo siento. Es mi punto de vista.

Cuando uno empieza en el gremio de la creatividad, tiene que ser consciente de que, como en todo, hay buenos, regulares y directamente malos profesionales. Eso se ve en 10 minutos. No hace falta conocer en profundidad al profesional que tienes delante para saber si va a poder aprender de él o no vas a poder.

Últimamente he estado trabajando con unos amigos que me han pedido que les monte un equipo. Les ha entrado un cliente importante y saben que, como se diría en Barcelona, tengo el “morro fi” (morro fino) a la hora de escoger gente. Y es verdad. Me lo tomo muy en serio. Suelo poner primero un anuncio en Linkedin y espero a ver quién se espabila y busca mi contacto en mi web porque me ha googleado. No contesto a los que contestan en la caja de comentarios directamente que les interesa la oferta y sí contesto a los que se toman la molestia de mirar mi perfil y escribirme de forma privada para pedirme más información. Pero sólo, única y exclusivamente pierdo el culo con los primeros. De repente, entre toda la cantidad de solicitudes que recibo, hay alguien que ha encontrado mi contacto y me manda un mail. No me está escribiendo un mensaje de Linkedin. Se lo ha currado, ha buscado la web, me ha googleado y se ha puesto en contacto conmigo.

Esa pequeña molestia quiere decir muchas cosas. Quiere decir que te has molestado en saber quién propone la oferta, cuál es su trabajo, qué ha hecho en su vida profesional, todo. Quiere decir, en definitiva, que le interesa el trabajo. Que lo quiere un poco más que todos los otros que sólo se han molestado en contestar a un texto escrito con alguien que no saben ni quién es en una red social, en este caso Linkedin.

Tienes 22 o 23 años, te acabas de licenciar. Enhorabuena. No sabes nada. No tienes ni puta idea de que va este oficio. No has creado todavía un visual, un texto, un titular, un reclamo que venda más pan, más coches, más pasta de diente o más detergente. No sabes nada. Nada. Y al 99% de las personas que me contactaron sólo les interesaba el dinero.

No hay que trabajar gratis. Eso nunca. Pero, creo yo, desde la humilde opinión que hay que saber cuándo compensa aprender. Hacer unas prácticas si estás recién licenciado y que te paguen, está muy bien. Lo que no puedes pretender es cobrar mil cuatrocientos euros. Lo siento. No es realista. Y seguramente si alguien te los paga, no recibas nada a cambio.

Cuando yo empecé tuve la suerte de empezar en una de las grandes agencias de Barcelona. Tenía prestigio mundial. Había sido la segunda agencia más galardonada del mundo unos años antes. Era un muy buen lugar para aprender de los mejores. Yo sentía cada día que debería pagar porque me dejasen escuchar. Puede parecer mentira. Pero me sentía en deuda. Cada día me lleva algo de alguno de los profesionales que me rodeaban. Eso es algo que no tiene precio. No lo tiene.

Por eso digo, cobrar sí. Cobrar poco, sólo si vas a poder aprender mucho; y cobrar mucho, sólo si no vas a aprender nada. Ten en cuenta que lo que aprendas los primeros años te formará para siempre. Si quieres estar viviendo de esto a los 50, más te vale que te busques buenos profesores y que aparques tus ambiciones. Ya cobrarás pasta, mucha si te va bien, pero para conseguirlo, lo siento, hay que tomar el camino largo.

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